El Hálito Nefasto, por Francisco Cárceles

06 dic

(Crónica de un suicidio presenciado)
EL HÁLITO NEFASTO
- ¿Por qué la angustia ha entrado
entrado en tus entrañas?
- ¿Cómo callarme? ¿Cómo guardar silencio?
(…)
Enkidu, mi amigo, al que yo amaba,
ahora es como el barro
¿No iré, como él, a acostarme
para no levantarme nunca más?
Poema de Gilgamesh
¿Pero qué hace que el cuerpo nos abandone
o, por qué salimos de él,
qué nos empuja y hacia dónde,
y cómo se cumple ese tiempo y medida,
y dónde se llena o se saca lo etéreo,
qué ingravidez nos hace perder peso,
qué decisión dar el salto,
qué insensatez pisar un charco,
badear un andamio,
o coincidir con un demonio en una encrucijada,
para ser devorados,
para ser incorpóreos,
para dejar de ser?,
¿y qué Melquiades ordena
este tornado eólico?
¿quién se alimenta de los vientos?
La gravedad del cuerpo pierde peso
-no somos ángeles-,
y aunque el tiempo y la conciencia
nos hacen ligeros,
nunca revolotearemos sobre el abismo
sin que, en el fondo del vértice,
el sonoro golpe de la caída
-reclamando lo propio-,
se quede brutalmente con lo suyo,
y nosotros, los que lo presenciamos,
con las manos en la boca,
para no perder el aliento
-helados de la misma materia-,
nos interroguemos por su soplo
y –reconocidosnos
alarmemos por esos restos
y pedazos,
que son nuestro llanto
sin consuelo.

Francisco Cárceles (Madrid, España)

Francisco Cárceles de Gea, nació en Madrid, cursó Filología Hispánica tras una experiencia profesional en informática. En la actualidad se doctora en Teoría de la Literatura por la Universidad Complutense de Madrid. Algunos de sus poemas se han publicado en revistas como La Carreta, Mesidor, Evohé y Acontecimiento. Ha escrito libros de poesía desde muy temprano, destacando: “Palomas donde da el sol” y “Génesis”.

Dame, por Guillermo López Borges

10 oct

Si amarillo
debe ser el color de las cosas,
las prefiero incoloras
Dame el azúl,
el verde en que vives
Dame el brillo de tu retoso,
la música de tus tardes
El cuchillo para descuartizar
un fragmento de aquel sueño
que nunca pude entender
El deseo de un mal astrólogo, su hechizo
su manera de no entender ni preguntar
El golpe del cachorro que debo domar
La puerta abierta por donde te vi huir
y un día te veré regresar
La mano que nunca se ha manchado
Dame el hilo de tu conversación
tu fija manera de dominar la sorna
Porque el remedio a todos nuestros males
está en algún lugar que no es aquí
Nunca entraré contigo a las
entrañas del árbol
que plantó el abuelo
Exacto en medio de su corazón
vive el corazón del viejo, laten
sus grandes verdades,
sus tan vigentes glorias
Las cosas le temen
Ya nos dicen donde deben enjuiciar
a los que ahora nos callan
Asesinos todos de la dicha,
Cómplices todos en el Gran Crimen
manchados todos
desde el nacimiento mismo de la palabra

Guillermo López Borges (Santa Clara, Cuba)

Huelga, por Abraham Zhinzhiyas

10 oct

La verdad es que mi voz
se va quedando muda
sin tus labios
y mi corazón
mal entonado
se ha negado a cantar
hasta que vuelvas.

Abraham Zhinzhiyas (México)

Si no fuese de Noche, por Gabriel Gil García

18 sep

Si no fuese de noche
Te entregaría mi piel tocada del diablo
O de algún Santo ebrio bajo la nieve amante
Si hoy no fuese lluvia
Si no tuviera Octubre
Si no cayera Otoño
Te daría mi alimento
Que no alcanza a cubrirme la cabeza
Pero empaña tu mirada de línea
Y levanta la peste
Que asola el corazón de los desnudos
Si yo no fuese yo
Si ni siquiera tú me acompañases
Si esta gota de sal nunca tuviera
Horas
Minutos de la distancia exacta
Te podría contar que no estoy lejos
Que sigo hasta tu casa
Con los ojos abiertos
Para ver cruzar pasos
Y la luz que sujeta una astilla
Y al final de tus ojos
Vendados como un fruto
Te daría mi sueño y mi silencio
Si no fuese de noche
Te mentiría contra la oscuridad para tenerte.
Gabriel Gil García (Madrid, España). Miembro del Grupo de Poesía «Jovenes Poetas Latinoamericanos» ha realizado diversas  actividades ligadas a la literatura, la fotografía y el piano.

Madre, por Roberto Viereck

18 sep

a Lee Lapaix

Ven aquí, extiéndete, dime.
Podrá curvarse esta espalda,
pero mi vientre seguirá en su lugar
léelo, come de mi carne.
Tómame, serás mi aliento.
Ven aquí, bebe, sueña.
¡Anda y derrama esta leche por el mundo!
Te cargué como a un planeta
nueve veces nueve
rotaste y fuiste agua
trémulo volcán submarino.
Redondito me hiciste sonreir
con tus no-dientes.
La enfermera me mostró tus islas
y besé para siempre el ombligo del mundo.
Te recibí rodeado de anillos
ríos cruzaban tu carne
después te envolvieron en una nube blanca
y desapareciste como el llanto.
Y ya ves, aquí estoy, otra vez atenta a tu órbita,
un poco sola, buscando tus ojitos
en el hirviente cielo de un marzo
que sin saber dibujé con tu padre.
Hay ojos que brillan en la oscuridad,
¿me ves soñandote?
¿me ves encargándote a la luna?
¿me ves cantando para ti?
¿me ves el ave del corazón?
Cuéntamelo todo, hijo,
dime como soy por dentro.
¿Cuántos dientes tiene una sonrisa?
¿Qué color limpia el llanto?
¿Romperán tus ojos el espejo?
¿Porqué se enfrían los besos por la tarde?
¿De quién es la mano que saluda y se despide?
Te esperé, corazón de uva,
como una loca dejé mis manos en la estación…
y mis pies
y mi pan con gusto a hierro.
Si alguna vez te exilias,
llévame contigo.
Hijo,
a veces te miro y no comprendo la técnica del
dibujo;
los calendarios se me vuelven locos
y una llama detiene su danza,
los lápices inquietan la siesta en el estuche,
alguien en la escuela deja libre un puesto
con un papelito sobre la mesa con tu nombre.
Mi vientre ya ha comenzado a tejer telarañas
luminosas de futuro.
Te miro cuando crece una enana en el cielo.
Todo se sube, hijo, a la garganta
convertido en pecho.
Te aferras a mi como un viajero arrepentido.
A veces me asusta esa mirada en medio del
océano
cuando por las tardes sola me siento
a ver pasar los barcos del ayer por mi ventana.
Jamás olvidaré el día que me saludaste en la
ecografía
Estrellita,
De un puntapié subiste el ranking de mi vida,
hasta yo aplaudí…, ¡teatro del mundo!…
- Es igualito al del monitor-, dijo la enfermera.
- Si quiere pídale un autógrafo-, le respondí
sin sonriente.
Pero se quedó repentinamente muda desde
entonces,
creo que no comprendió tus nueve meses de
trayectoria.
¿Sabes cuál es mi misterio?
Me queda claro que viniste a alegrarme la vida,
¿pero a qué vine yo para ti?
Ya descifrarás con tus deditos
el Braille de mi cuerpo
De una cosa estoy totalmente segura:
tú nunca te me perderás en la oscuridad
Quizás me muera sin entender
cómo es que lo haces para meterte en mis libros.
¿Sabías que anoche viajamos a un mundo mejor?
Pero tú te quedaste en mis brazos.
¡Qué importa si tenerte fue épico,
lírico o dramático!

Roberto Viereck (Santiago, Chile). El texto publicado se encuentra reunido en el poemario Madre Matria, aún inédito.

Poemar, por Matías Alonso

18 sep

Poemar II
Antes de dormir
quisiera compartir un sueño:
eras una luciérnaga
y junto con el batir de tus alas
un destello de arcoiris
te seguía
por el bosque
de los muertos
Y eras una hermosa luna
divirtiéndose entre las ramas
Cuando esté solo
cercano a tí
no temeré a la muerte.
Poemar XVIII
Antes de cerrar la puerta
serena me aconsejaste:
se como el Gran Meaulnes
y sobre un papel
traza las sendas
que te regresen
al país perdido:
Deja que otros caminen
por las ruinas
pero tú no te fatigues:
Busca el país perdido
y reencuentra la belleza.
Matías Alonso. Nacido cerca del oleaje, en Viña
del Mar, viajé a Austria con mi familia por algunos
años. Desde entonces, la poesía ha sido la
manifestación de la nostalgia, del hogar lejano y
del mundo tras el horizonte. Ha sido constante
compañera reveladora de verdades. Y será siempre
igual.

Matías Alonso (Santiago, Chile)

Sin Título, por Claudio Ramos

18 sep

Al fin y al cabo, aquí vivo, desconforme, pero vivo.
En la habitación silenciosa sonrío, en la calle,
ironía, en mi interior, a pesar de todo, alegría.
No tienes que colocar tus manos sobre mi, siempre
ladraré, aunque mi boca este sellada, uno
ladra gritando, como también pensando.
Los años, maestros del camino, y pensar que
uno, a veces, con menos años, ha recorrido mas,
para solamente algunos, los que sus años no
brindan nada, solamente viven con su compañera
de caminatas muy largas.
Las amistades no solamente se ven, si no que se critican.
Al ocultar la sensibilidad, uno cae de todas
maneras, y cae encima del peso de no haber
explotado en el momento, peor al decir, en los momentos.
El cerebro se retuerce como un perro sin hueso,
y ladra, los ladridos, y también los alaridos, caen
rápidos por las mejillas, donde luego se depositan
las tristes e impotentes palmas, ya las huellas
dejan de existir, recién comienzan a nacer.
Las rodillas en el suelo sucio, aplican la incomodidad,
¿cómo lo expresaré yo?

Claudio Ramos (Santiago, Chile)

Prólogo II, por Carlos Bravo

18 sep

En tus descansos, mar, yo domino,
y juego mis pantomimas con las coordenadas.
El juego de la polilla pechugona,
vítores y más vítores…
Y aparece lo tibio, el paisaje fofo de las orillas.
Hembras y machos corriendo,
siluetas rastreando,
oliendo insectos y traseros,
no percatándose jamás del color pastel de sus
sangres.
Mar ya no reseco,
en tan intenso rumor de tu marea que sube,
mi entusiasmo se traslada hacia ti.
Al fin,
sombras y hechos se recogen atrofiados,
y el tictac seguirá ahora encarpado por tu magnética
espuma.
Mar,
mi mirada embate tus fronteras,
y alabo, alabo la desgracia de comprenderlo.

Carlos Bravo (Santiago, Chile)

Estrella sin Captura, por Jorge Carlos Alvarez Díaz

18 sep

Siempre intranquila
un día de tantos
desde que murió tu esposo
automóviles verdes al paso
morado reflex opaco en las noticias
no prometo llegar temprano
me rebasa el tiempo
acelero pronto
es el recuerdo de tu aroma mi mareo
camino de luna nueva
intranquilidad bajo control aparente
recuérdame mañana lo que no pude hacer por ti
temprano
deja listo el sonido alerta
me hace falta sorprender el amanecer
completamente despierto
un día de tantos

Jorge Carlos Alvarez Díaz (Distrito Federal, México)

Te dedico este Poema, por Marco Herrera

18 sep

Escribo una noche desierta de cuerpos ardientes
una palabra soterrada por el olvido
un verso vano inconcluso contradictorio
un poema oscuro maldito embriagador
Escribo una tarde rodeado de gatos grises
un soneto para tu futura muerte
una canción fúnebre que entonaré en tu entierro
una ópera cómica que representaré en tu suicidio
Escribo una mañana mareado por el sol de
oriente
una historia de amores juveniles y eternos
una crónica de amantes desesperados por un
coito
una oración milagrosa para todos nosotros
Escribo el día del juicio final
para ese amigo desdichado en su soledad
para esa mujer amada y despreciada
para esos niños hambreados de felicidad
Escribo en un acto oficial de jubilados
para esos hombres y mujeres desterrados del
paraíso
para esos hombres y mujeres que traicionaron
su destino
para esos artistas mendigos y ciegos de vanidad
Escribo en páginas amarillas de pobreza
un verso de amor para tu cuerpo de leche
un panfleto para los asesinos de cinco estrellas
un ditirambo para mi profesor de gramática
Escribo para poder seguir viviendo
este poema que te prometí hace diez años
este poema que nunca leerás
Marco Herrera (Valparaiso, Chile). Nació en Santiago el año que el hombre llegó a la luna y cumplió 31 años navegando por los cerros de Valparaíso. En este puerto se despidió de la mujer a la que dedicó este poema. Desde entonces, ya no cree en la revolución.

Ojos Rojos

Revista de Poesía Completa