(Crónica de un suicidio presenciado)
EL HÁLITO NEFASTO
- ¿Por qué la angustia ha entrado
entrado en tus entrañas?
- ¿Cómo callarme? ¿Cómo guardar silencio?
(…)
Enkidu, mi amigo, al que yo amaba,
ahora es como el barro
¿No iré, como él, a acostarme
para no levantarme nunca más?
Poema de Gilgamesh
¿Pero qué hace que el cuerpo nos abandone
o, por qué salimos de él,
qué nos empuja y hacia dónde,
y cómo se cumple ese tiempo y medida,
y dónde se llena o se saca lo etéreo,
qué ingravidez nos hace perder peso,
qué decisión dar el salto,
qué insensatez pisar un charco,
badear un andamio,
o coincidir con un demonio en una encrucijada,
para ser devorados,
para ser incorpóreos,
para dejar de ser?,
¿y qué Melquiades ordena
este tornado eólico?
¿quién se alimenta de los vientos?
La gravedad del cuerpo pierde peso
-no somos ángeles-,
y aunque el tiempo y la conciencia
nos hacen ligeros,
nunca revolotearemos sobre el abismo
sin que, en el fondo del vértice,
el sonoro golpe de la caída
-reclamando lo propio-,
se quede brutalmente con lo suyo,
y nosotros, los que lo presenciamos,
con las manos en la boca,
para no perder el aliento
-helados de la misma materia-,
nos interroguemos por su soplo
y –reconocidosnos
alarmemos por esos restos
y pedazos,
que son nuestro llanto
sin consuelo.
Francisco Cárceles (Madrid, España)
Francisco Cárceles de Gea, nació en Madrid, cursó Filología Hispánica tras una experiencia profesional en informática. En la actualidad se doctora en Teoría de la Literatura por la Universidad Complutense de Madrid. Algunos de sus poemas se han publicado en revistas como La Carreta, Mesidor, Evohé y Acontecimiento. Ha escrito libros de poesía desde muy temprano, destacando: “Palomas donde da el sol” y “Génesis”.